A menudo, las cuestiones relacionadas con la competencia lingüística plantean dudas a los estudiantes que quieren estudiar TeI, a los que cursan 1er año o a los que no tienen mucha idea sobre nuestra profesión. Uno de los clásicos es “¿no sabes decir <insert word here> en inglés? pues vaya mierda de traductor eres…”. La idea de que los traductores somos bilingües está muy extendida. Incluso entre los propios estudiantes de la licenciatura. Nada más lejos de la realidad. Si bien los estudiantes de las primeras promociones contaban entre sus filas con un importante número de personas bilingües (y estoy hablando de principios de los 90), en la actualidad la mayoría de estudiantes de TeI son españolitos de a pie que han aprendido un par de idiomas a base de echarle horas y horas rellenando huecos en ejercicios de gramática.
El bilingüismo, desde un punto de vista estricto, no puede desarrollarse. Se adquiere de forma natural, creciendo en un ambiente en el que se hablan dos idiomas. Por lo general, familias en las que los padres poseen diferente nacionalidad o países con más de un idioma (como por ejemplo Suiza o Bélgica). De hecho, cuando he oído a más de un profesor soltar la típica frase de “tenéis que dominar el idioma mejor que los nativos”, no he tenido más remedio que menear la cabeza, añadiéndola a la lista de chorradas. Por un lado, convertirse en bilingüe es imposible desde un punto de vista cognitivo (los mecanismos para poder hacerlo se desarrollan durante la infancia). Por otro lado ¿qué entendemos por nativo? Porque el nivel de un inglés de los barrios bajos de Londres tendrá poco o nada que ver con un trabajador de clase media de Liverpool (con su acento más que curioso), un profesor universitario de Escocia o una abuela australiana.
En todo caso, si hablamos de bilingüismo a los alumnos de TeI, deberíamos añadir la coletilla de “funcional” al término. A esto es a lo que nos referimos cuando comentamos que alguien que termina TeI debería posee un nivel C2 en su lengua B. En ese sentido, hablamos de la capacidad de desenvolverse en prácticamente todos los ámbitos como un nativo. Eso no implica, necesariamente, conocer el significado de todas las palabras del léxico inglés (del mismo modo que, como nativos españoles, desconocemos el significado de muchas palabras de nuestro idioma).
Del mismo modo, cuando hablamos de niveles de competencia lingüística (C1, C2, etc.) no deberíamos olvidar que la competencia lingüística de un traductor varía a lo largo del tiempo y que no es uniforme entre las diferentes disciplinas. Por ejemplo, es habitual que un traductor posea mejores habilidades en el marco de la escritura y comprensión de textos, mientras que un intérprete poseerá mejores dotes comunicativas y de comprensión oral. La práctica lo hace todo. Y aunque una vez alcanzado un nivel este no se pierde, si es cierto que puede requerir cierta práctica recuperarlo. Si no me creéis, pensad en qué ocurre cuando lleváis un año sin hablar inglés y váis a Londres de visita. Más de uno hablamos como patos hasta que recuperamos la fluidez.


