La semana pasada devolví las llaves de mi piso de alquiler. Y ya de paso, estuve hablando un rato con mi casero, de profesión abogado. En la charla, le estuve hablando sobre mi trabajo. Y claro, surgió la pregunta de rigor: “pero entonces ¿vosotros traducís cosas de jurídica?”. Y ya me tocó soltarle la charla que tengo preparada para estos casos. “Saber inglés no es suficiente”, “mucho derecho y muchas leyes pero redactáis con el ojete”, etc. Todo esto, mientras el buen hombre me miraba con cierta actitud de superioridad y un ápice de desconfianza (donde cierta quiere decir “no me trago nada de lo que estás diciendo” y ápice de desconfianza significa “mucho traducir pero yo tengo un omega de 3.000 € y tú un casio de los chinos”).
La duda sobre si traduce mejor un profesional del campo con conocimientos lingüísticos que un traductor es un clásico, incluso entre los propios estudiantes de traducción. Hasta este año, en el que he hecho la especializada, yo también pensaba que, a la fuerza, un médico con buen dominio del inglés traduciría mejor que yo en ese campo, por mucho que me preparase. Afortunadamente, ya me han abierto los ojos. Y para los alumnos de 1º y 2º que aún lo dudan, un par de argumentos para justificarlo:
- Aunque el abogado puede tener un excelente conocimiento de la legislación española, eso no le confiere automáticamente un dominio sobre la legislación inglesa. O polaca. O búlgara. Aunque nosotros sabemos de sobra en qué consiste nuestro trabajo, a los no traductores hay que seguir explicándoles que nuestro trabajo no consiste en mirar un diccionario y rellenar un hueco. Más allá de la preparación lingüística, que pueda adquirirla cualquiera, están las técnicas de traducción, que ya sabemos que son un bonito eufemismo para referirse a nuestra proverbial capacidad de buscarnos la vida.
- Cada traducción es un mundo. Y un abogado no conoce, en principio, la diferencia entre una traducción jurada o una informativa. Con esto, quiero decir que probablemente conocen su existencia y sus características, pero no sus elementos formales, así como los diferentes enfoques de traducción que plantea cada uno de estos tipos de documentos.
- Traducir consiste en trasladar desde el idioma… y también en redactar en buen español. Y en esa tarea, los abogados son especialmente poco hábiles. Si habéis tenido la mala suerte de estar de juicios, sabréis que estos viven de explicar, al resto de los mortales, la curiosa forma de escribir y expresarse que tiene el cuerpo de profesionales jurídicos.
No me molesta tener que explicar a otras personas en qué consiste nuestro trabajo. Después de todo, nuestra profesión no es algo que sea muy conocido y muchos terminan confundiéndonos con actores o cosas peores. Sin embargo, sigue sorprendiéndome que al abogado, al médico o al ingeniero no se le cuestione. Sin embargo, en lo relativo a los traductores, cualquiera puede traducir de todo con el inglés de la escuela de idiomas. Está claro que se necesita una enorme labor de pedagogía sobre nuestro trabajo (deberíamos montar una campaña del tipo “no somos diccionarios, somos personas con sentimientos y derecho a dormir”). Y nosotros somos los mejores para hacerlo y los más interesados en ello.
8 comentarios
21 Septiembre 2009 a las 10:19
Estimado amigo:
Hacía tiempo que se te echaba de menos. Gracias por el regreso.
El asunto que hoy abordas no es menor en absoluto. Llevo seis años traduciendo para despachos de abogados y como intérprete externo de un departamento de justicia y debo confesar que yo, al igual que tantos compañeros, he sufrido en carnes propias la anécdota que mencionas. Han sido muchísimos los abogados que me dicen el tan sabido “no es necesario que nos acompañes, yo sé hablar inglés; además, es un caso privado y el cliente quiere mantener la confidencialidad…” Estas palabras, a simple vista tan inocentes, en muchas ocasiones ocultan cierto desprecio y, por supuesto, desconfianza por nuestra profesión. Evidentemente, por mucho inglés o alemán o lo que sea que sepa el abogado, ello no quiere decir que sepa exactamente cómo se dice cada cosa en el otro idioma; es más, primero, deberían aprender a traducir su lenguaje jurídico de manual -tan lleno de incoherencias gramaticales y de fósiles terminológicos- al lenguaje que habla todo hijo de vecino.
Comentaré varias de las muchas anécdotas que me han ocurrido.
1. La zona en la que trabajo es una zona muy turística, por lo que es frecuente encontrarse con abogados bilingües que, por ser bilingües, creen que ya son traductores e intérpretes experimentados. En una ocasión, a pesar de que el abogado hablaba inglés a la perfección, era preceptiva la presencia del intérprete -era yo, en este caso-, ya que no solo tenía que mediar con el acusado, sino también con el denunciante, fiscal y el juez. Durante la declaración, el abogado quiso demostrar, por si alguien tenía dudas sobre su color de piel y pelo, que hablaba inglés a la perfección. Mientras yo realizaba la interpretación y le explicaba al denunciado lo que estaba sucediendo y lo que decía cada una de las partes, me interrumpe el abogado para decir que no estaba cumpliendo con mi “deber de informar fielmente lo que decía su señoría”. La reacción de todos fue de estupefacción, especialmente la mía, ya que me acusaba de cometer un delito. Le pregunté por qué, que qué había dicho mal o de forma incorrecta. Según él, estaba asustando a su cliente, ya que le había dicho que se iba a llevar a cabo una investigación sobre el asunto y que, por lo tanto, el procedimiento no iba a quedar zanjado ese mismo día. Mi respuesta fue: “¿Y qué hay de falso en lo que le acabo de decir a su cliente”. Y me replica: “Su señoría solo ha dicho que se va a transformar en «diligencias previas».” Lleno de indignación le respondo: “¿Y no es lo mismo que lo que yo le acabo de decir? ¿Acaso no es lo mismo con otras palabras?”. El juez, un señor joven y bastante amable, asintió y trató de zanjar el asunto pero, sabiendo que algunos abogados tienen muy mal perder y por miedo a que me intentara dejar en ridículo nuevamente, le recomendé que leyera un poco sobre la “Plain English Campaign”, que le vendría bastante bien. Debo confesar que me quedé bastante contento con mi reacción, si bien es cierto que este abogado le encarga las traducciones juradas a un conocido mío, a pesar de coincidir conmigo con bastante frecuencia.
2. La segunda anécdota tiene que ver con el conocimiento de idiomas por parte de abogados. En esta ocasión, no se trataba de una abogada bilingüe, pero sí hablaba alemán; o eso creíamos todos. Llegó con una señora bastante mayor, su clienta, a prestar declaración por una denuncia presentada y relacionada con un robo con violencia. En aquel momento, la intérprete de alemán estaba ocupada en otra sala y, como la declaración simplemente consistía en ratificar el contenido de la denuncia y la tomaba el mismo funcionario de turno, la abogada dijo que ella misma haría de intérprete para no tener que esperar a la compañera de alemán. Cuando la funcionaria le pide a la señora que relate lo sucedido, le escucho a la abogada: “Erzählen Sie die Geschichte”. Para quienes no sepan alemán, la frase significa “cuéntele el cuento” o “cuéntele la historia”. Me resultó bastante fuera de lugar, casi violento, preguntarle de ese modo a un señora mayor de esa manera, sin ni siquiera decir “por favor”. Me pareció bastante barriobajero, sinceramente. Creo que la señora lo tomó casi igual que yo, ya que tardó en entender la pregunta de su abogada y, probablemente, se sintiera hasta incómoda por el modo.
3. Hace unos meses, me ocurrió algo absolutamente increíble. Conocí a una abogada mejicana que, dado que no puede ejercer en España porque no ha convalidado su título y tampoco se ha presentado a los exámenes pertinentes -no sé si el procedimiento para ello ha cambiado, pues creo que ahora hay una especie de cursos universitarios para los abogados extranjeros que desean ejercer en España. Lo cierto es que, ante la imposibilidad de ejercer como abogada, se dedica a asesorar a extranjeros residentes en Canarias y encargarse de procedimientos legales y administrativos. Es lo que se llama un “troubleshooter”. Acudía al juzgado a acompañar a un cliente suyo en relación con una denuncia y, cuando se presentó como la intérprete del señor citado, le dijeron que ya los juzgados tenían un intérprete independiente de las partes. Por lo tanto, tenía que esperar fuera de la sala. En el tiempo que esperábamos, se enteró de quién era yo y se acercó a mí para entablar conversación o, más bien, para ofrecerme sus servicios. En los cinco minutos que hablamos, me cuenta que aprendió inglés porque se casó con un escocés, que se dedicaba a ayudar a los extranjeros en sus trámines administrativos -montar negocios, seguros, cuentas bancarias, etc.- y que también ejerce de traductora. Le respondí: “Ah, es usted una troubleshooter”. Me dice: “¿Eso qué es? Y le explico lo que es. Hasta ahí, todo bien. Sin embargo, al poco, recuerdo que me dijo algo que me llamó la atención. Entonces le pregunté: “Bueno, pero entonces, usted qué es, ¿traductora o intérprete?” Y me responde: “Traductora, traductora. ¿Por qué? ¿Cuál es la diferencia?” Tras explicarle la diferencia, me intenta explicar con sus palabras que lo suyo solo se trata de interpretación bilateral. Mientras yo intentaba dar por zanjada la conversación, me sale con la preguntita de por qué trabajo para los juzgados y, en la misma frase, me dice: “Es que yo una vez traducí [sic] para el alcalde de…”
Imaginen mi cara. No solo me demostró que no había entendido la diferencia entre traducción e interpretación, sino que también dejó patente sus conocimientos y su respeto por la lengua española.
Por último, quisiera decir que me molesta bastante cuando me preguntan “Es usted el letrado”. Yo suelo decir, “letrado sí, pero abogado no”. Los funcionarios que ya me conocen saben a qué me refiero pero, a los que se extrañan ante mi comentario, les intento explicar, cual quijote contra molinos, que tuve la suerte de que mis padres me dieron estudios y, por lo tanto, no soy un iletrado. Me parece un arcaísmo el uso de este término refiriéndose solo a los juristas. ¿A ustedes no?
21 Septiembre 2009 a las 11:05
@Tenesor:
Gracias por el enorme comentario, porque me he reído y llorado a partes iguales. Este tipo de cosas son las que hacen que huya de la jurídica como la peste, aunque sé que antes o después te toca una
.
Encantado igualmente de tenerte por aquí de nuevo
.
21 Septiembre 2009 a las 14:14
¿Y qué me dices de un abogado, médico o ingeniero con formación en traducción? Creo que esos perfiles le dan mil vueltas a un licenciado en traducción únicamente.
Eso de que los abogados viven de explicar en cristiano lo que dicen los documentos jurídicos me parece el equivalente a decir que los traductores somos un diccionario andante. Es cierto que los documentos jurídicos suelen ser incomprensibles, pero hay que tener en cuenta que los abogados aprender a redactar imitando lo que ven. En Derecho no hay asignaturas de redacción, por lo que los abogados redactan sus escritos imitando el estilo de las leyes, la jurisprudencia y lo que les enseñan sus “padrinos”. Me parecen estupendas todas esas campañas que abogan por la claridad en el lenguaje jurídico, pero hasta que eso no llegue al legislador, mucho me temo que será en vano.
21 Septiembre 2009 a las 14:30
Hola paisana:
Por la experiencia que tengo, ya he conocido a varios abogados en el Reino Unido que sí están siguiendo los pasos de la Plain English Campaign. De hecho, sé de algún que otro despacho que ha recibido los cursos que ofrece este movimiento y, al parecer, la aplicación tuvo éxito. La verdad es que somos a bastante ingenuos o bastante osados cuando pretendemos que se reconozca nuestra titulación como la de médicos o abogados. Ese es el motivo por el que no quieren hablar como los demás; perderían ese prestigio y ese halo que les otorga la profesión.
Estoy contigo, Elisabeth, en que estas campañas tienen que llegar a los legisladores y al mundo de la abogacía. De hecho, en España, por ley, se establece que todo documento público debe estar escrito en un lenguaje inteligible. Evidentemente, esta ley no la cumple nadie. Pero es que ellos están tan contentos con sus arcaísmos, con su lenguaje exótico y embarullado.
Hace poco me comentaba una compañera también de nuestro ramo la opinión que tenía de muchos abogados, especialmente de los penalistas. Me decía que algunos de ellos se creen que el mundo termina donde terminan sus libros de derecho y que se lo aplican a todo. Esto me lo contó a propósito de otra anécdota que nos ocurrió a los dos. Una empresa extranjera se vino a Canarias para radicarse aquí, en lo que se conoce como la ZEC. Por motivos administrativos, tuvo algunos problemas fiscales y tanto mi compañera como yo tuvimos que traducir un montón de documentación para tratar de resolverlo. Cualquiera que haya leído un periódico en Canarias alguna vez en su vida, sabrá que ZEC significa Zona Especial Canaria. Pues, mientras la abogada nos explicaba el problema y nos cargaba de folios y más folios, nos pregunta: “¿Saben lo que es la ZEC?”. Y respondimos que sí. Entonces, nos suelta a los dos con cara de alucinada: “Qué barbaridad; ustedes saben de todo…”
Por cierto, Olli. ¡Viva Apple y gracias por tu ayuda!
22 Septiembre 2009 a las 16:48
¡Hola a todos!
En primer lugar, me gustaría felicitar al autor del blog. Le he estado echando un vistazo y me parece muy interesante.
En segundo lugar, quería comentar que al leer este post me he sentido como si lo hubiese escrito yo. Llevo tres años trabajando como traductora freelance y no pasa un sólo día sin que tenga que explicarle a alguien la importancia del trabajo que desempeñamos los profesionales de la traducción y la interpretación. La nuestra es una profesión en gran medida desconocida, y en muchos casos menospreciada. Es una lástima. Pero, por fortuna, los traductores tenemos más moral que el Alcoyano y aquí estamos para decirle al mundo lo necesarios que somos.
Respecto a quién traduce mejor, la respuesta, en mi opinión, es quien tenga una mayor capacidad de comprensión en ambas lenguas y una mejor formación lingüística en su lengua materna. Y digo esto porque no es extraño encontrar textos redactados en español por titulados universitarios de diversas especialidades que dejan mucho que desear. Si uno no sabe redactar bien en su propia lengua, difícilmente va a poder ofrecer una traducción decente. El vocabulario se puede buscar y uno se puede documentar sobre cualquier tema, pero la comprensión y expresión textual es algo que ya se debe tener asimilado.
Saludos.
25 Septiembre 2009 a las 16:49
Respondiendo a Elisabeth, por supuesto que un abogado con formación en traducción será un buen traductor jurídico, el problema es cuando se confunde “formación en traducción” con saber inglés (o el idioma que sea, digo inglés porque es el que todo el mundo sabe, o cree que sabe).
A mí hace poco me discutía un arquitecto que nuestra profesión no valía para nada, que total, puedes traducir con un traductor automático. Según él, no es que sea una traducción perfecta, pero más o menos, te enteras de qué va el texto. En fin…
28 Septiembre 2009 a las 14:55
Debo ser la única por aquí que no se dedica a la traducción xD
El caso es que en parte me siento identificada (aunque el sector no sea el mismo) cuando dices que tienes que explicar en qué consiste tu trabajo y se tiene una idea equivocada de lo que hacéis.
Lo cierto es que hasta que no leí tu blog no sabía nada del tema y se agradece saber un poco más ^^
14 Noviembre 2009 a las 0:10
Hola a todos:
descubrí este blog hace unos días y me dieron ganas de seguirlo.
Con respecto al tema en cuestión, coincido con Soleil en la falta de reconocimiento social de nuestra p`rofesión. Un profesional debe poder responder a la pregunta ¿por qué tal o cuál elección? y justificar su respuesta. Un médico tiene la formación necesaria para justificar que se use una droga y no otra para el tratamiento de determinada enfermedad, por ejemplo. Sin embargo, ni médico, ni abogado, ni arquitecto tiene la formación y el conocimiento necesarios como para justificar una elección lingüística (sea ésta a nivel léxico, sintáctico, semántico, textual, pragmático, etc.).
Saludos desde Argentina.
marina ; )